Votar para elegir

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos realizados para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

No pretendemos enfrascarnos, ni aun sucintamente, en la historia de la democracia, como tampoco en su alcance y contenido, tan magistralmente expuestos por Abraham Lincoln en su Oración de Gettysburg. Nos anima indagar –ciertamente– si su principio fundamental,la soberanía popular, se cumple o, si por el contrario, se diluye o desvirtúa en los errores y omisiones del sistema electoral.

La orientación constitucional venezolana con respecto a la soberanía popular tiene mucho tiempo siendo la misma. Para citar solo las constituciones más recientes, señalaremos que las de 1947 (Art. 79), 1953 (Art. 38), 1961 (Art. 4) y 1999 (Art. 5) preceptúan que la soberanía reside en el pueblo, siendo la de 1999 la más avanzada al estatuir –además– la democracia directa (mediante referendos), ausente en sus predecesoras.

Abatido el régimen ilegítimo que presidió Marcos Pérez Jiménez, el venezolano común puso grandes esperanzas en su recién inaugurada democracia; muestra de ello fue la baja abstención -por debajo de un (1) dígito- durante veinte años consecutivos en elecciones presidenciales, a pesar de que el Pacto de Punto Fijo trasladó buena parte de la soberanía a sus signatarios, procurando, sobre todas las cosas,impedir la repetición de una asonada militar como la ocurrida el 24 de noviembre de 1948.

Dicho Pacto tiene una justificación histórica y una crítica merecida. Era menester resguardar el régimen democrático acosado por el militarismo golpista y el castrismo insurreccional, pero una vez que desaparecieron las causas originarias, fueron otras las razones que lo sostuvieron: mezquinos intereses partidistas y personales, intereses económicos nacionales y foráneos y otros no menos insanos.

A los signatarios del Pacto los torturaba la existencia de «fuerzas en aptitud de reagruparse para auspiciar otra aventura despótica»; los recuerdos de la cárcel y el exilio, de la tortura y de las persecuciones les inquietaban el sueño y determinaban su conducta.

Los vicios del puntofijismo no solamente perjudicaron al País como un todo; sus propios creadores –los otrora grandes partidos nacionales– resultaron devorados por el monstruo en las elecciones presidenciales de 1998. Ese día afloraron los resultados de su alejamiento de las masas, del olvido de las doctrinas y de la caribería de los dirigentes.  Ese día los «chavitos», popular disfraz en los carnavales precedentes, que expresaba claramente el hastío de la gente por el bipartidismo, se tornaron adultos para dar comienzo a la tragedia universalmente conocida. Ese día la democracia maltrecha, que recibió el calificativo de formal por sus propios usufructuarios, se despidió del mundo de los vivos.

El Pacto mutó de «imprescindible» a «conveniente»; desaparecidas las razones que le dieron origen, los partidos cogobernantes, enviciados con el clientelismo y con unas prácticas que los convertían en propietarios del País, reservaron para sus élites las prebendas del poder y se negaron a profundizar la democracia, dándole contenido real a la soberanía popular. De esa manera, lo que fuera originalmente antídoto para el golpismo se transformó en la enfermedad que pondría final al proyecto iniciado en 1958. Aplicable a este caso la sentencia de Teofrasto Paracelso: «Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis.»

El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo entre partidos que determinó la orientación política del País por las siguientes cuatro décadas; nació para durar cinco años y envejeció llenándose de vicios e imperfecciones, hasta que causó lo que quiso evitar: la toma inconstitucional del poder.

El tipo de gobierno inaugurado en 1958, mantuvo la tradición constitucional venezolana respecto a la residencia de la soberanía, pero reservó su ejercicio a las élites de los partidos políticos. Son memorables las reuniones de Gonzalo Barrios y Rafael Caldera, en las cuales se tomaban las decisiones más trascendentes con respecto a la marcha del Estado; inolvidables las fracciones parlamentarias de la Cadena Capriles y del Grupo D’Armas, fruto de negociaciones entre las dos grandes editoriales y Acción Democrática y Copei; imperdonable olvidar como AD se jactaba de que en sus convenciones se elegía el Presidente de la República.

Estas prácticas convirtieron la ansiada democracia en una partidocracia y al ciudadano común en invitado de piedra, ajeno a las decisiones que determinaban su destino; esta forma de gobernar y hacer política, insustancial y formalista, tenía que producir y produjo graves consecuencias: alejamiento del ciudadano de los asuntos públicos; percepción de la política como oficio de pillos; la desvinculación del hombre común de sus representantes; pérdida de la esperanza de convertir a Venezuela en una potencia económica y social y, no menos grave, simpatía por salidas inconstitucionales a los problemas nacionales. El gran reto de la democracia moderna y, muy especialmente de esta etapa venezolana que recién comienza, es hacer realidad incuestionable el principio de que la soberanía reside en el pueblo, que la gente es la dueña del País y que, como tal, tiene pleno derecho a elegir a quienes han de gobernarlo. Eso no será posible con el actual sistema electoral, donde el pueblo vota pero son otros los que eligen, donde el dedo de la cúspide política se reserva la soberanía y la ejerce con el desenfado de un rey medioeval.

Para llevar la democracia al pueblo y hacerlo protagonista y no simple espectador, es menester convertir al votante en elector y ello solo es posible abriendo los cauces para que fluya su voluntad mediante la personalización de la elección de los candidatos a ejercer cargos de elección popular. La soberanía popular, constitucionalmente señalada, será una realidad palpable cuando todos los candidatos sean escogidos mediante elecciones primarias y no en virtud de confabulaciones que a la larga desprestigian al sistema e impiden el desarrollo del País.

Te invitamos a compartir con nosotros esta propuesta, la cual presentamos por considerar que sin primarias no hay democracia ni elección popular alguna. ¡Elige tú!

Documento fundamental: Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos que se han realizado para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

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Editorial: Votar para elegir

 

Una vez que Venezuela alcance su libertad, una de las primeras labores políticas que debemos abordar los demócratas es lograr que se realicen primarias para cubrir todos los cargos de elección popular. Esto lo hemos propuesto una y otra vez, pues tenemos la convicción de que desde 1958 hasta la fecha, la gente, que es la real propietaria del país, ha sido la invitada de piedra a la hora de las grandes decisiones.

Esto es posible gracias a un sistema electoral perverso que reserva para el ciudadano la función de votar, a la vez que le escamotea la de elegir, reservándose ésta última para los jefes de los partidos políticos que, como es de esperar, apuestan a sus ambiciones personales e intereses grupales, dejando para la masa electoral un diluvio de mentiras y de promesas imposibles de cumplir.

Es innecesario ser historiador para recordar el evento electoral del 6 de diciembre de 2015. Es innecesario ser historiador para recordar el evento ...

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Hay 12 invitados y ningún miembro en línea

Nosotros

 

Nosotros, políticamente independientes de toda militancia partidista, pero no indiferentes; con el ánimo de aportar ideas para  el perfeccionamiento de la democracia en Venezuela, hemos decidido constituir un círculo de estudios políticos y crear y nutrir el portal web www.eligetu.org, para que sea su órgano de expresión y comunicación.

Nos une la convicción de que la democracia tiene su fundamento principal en la soberanía popular; también creemos que si esa soberanía es ajena a la producción de hechos concretos que beneficien al pueblo, o si es distorsionada al punto de que su ejercicio se traslade hacia élites políticas o económicas, la democracia es inexistente.

Consideramos que el voto debe ser un medio de expresión del sentir popular, pero también somos del criterio de que las fallas del sistema electoral pueden ser tan graves que pueden terminar trasladando la soberanía a manos ávidas de poder y de bienes mal habidos.

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Discurso de Gettysburg

 

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

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"Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credibilidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia".


Simón Bolívar

[Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.]

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“Yo soy y seré perpetuamente, acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida; tanto porque es justa y necesaria para la salvación de sus desgraciados habitantes, como porque interesa además en el día a todo el genero humano".

Francisco de Miranda

"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".

Paul Auster

“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”.

John Fitzgerald Kennedy


A mis años, les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad y justicia social; hay que inventar la educación y crear un País de emprendedores, artistas e inventores. Un  País  digno  y  soberano  en  el  contexto  global, en  fin, en  Venezuela  hay  que  inventarlo  todo   ¡QUE MARAVILLA!

Carlos Cruz-Diez (94 años)
Agosto de 2017

Oración Fúnebre de Pericles


I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos. Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo  de  lo  que  él  desea  y de  lo  que  él conoce; ...

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