La situación de Venezuela luce complicada, pero no tanto como lo quieren hacer ver algunos, con intenciones no santas.

Entre los muchos disparates que se dejan colar por diversos medios de comunicación, es que Estados Unidos, Brasil y Colombia, no están dispuestos a verter la sangre de sus soldados para venir a salvar a Venezuela. Planteado en esos términos, esa negativa suena lógica, pero la verdad sea dicha, ellos ven en la actual realidad venezolana una amenaza a su seguridad nacional.

Los estadounidenses perciben, por obvio, que un País como Venezuela, cargado de riquezas naturales y ubicado en la puerta de Suramérica, caribeño y andino, es una daga apuntando al corazón de América y un peligro cierto para su seguridad, ya bastante comprometida por el narcotráfico, el carácter expansionista del comunismo cubano y la intención islamita de destruirlos.

El interés colombiano en la suerte de Venezuela, está estrechamente ligado al problema guerrillero que los acogota desde hace más de cincuenta años. Se sabe, desde hace lustros, que el territorio venezolano ha servido de aliviadero para las unidades guerrilleras; que en manos insurgentes se han encontrado armas cuyo propietario original fue el ejército venezolano y que, en la actualidad, el ELN domina vastas extensiones de nuestro territorio, de donde extraen ingentes riquezas para financiar sus actividades.

Brasil, en su carácter de País limítrofe, con sus casi 2.200 kilómetros de frontera común, ha recibido el impacto del desastre venezolano. Decenas de miles de famélicos y enfermos connacionales han logrado refugio en pueblos y ciudades del norte y se esperan muchos más, lo cual constituye un problema económico, de seguridad y de salud públicas. Además, no pueden obviar los brasileños el riesgo político de ser vecino de un país comunista.

Una enérgica intervención de cualquiera de estos tres países, conjunta o separadamente, militar, económica o diplomática, es factible; pero no por razones de solidaridad humana, como algunos deslizan maliciosamente, si no para defenderse de un peligro que puede comprometer su porvenir.

20/05/2019