Editoriales

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

 

Cuando vemos a nuestra Patria convertida en un País miserable, cuyos hijos huyen despavoridos perseguidos de cerca por los fantasmas del hambre, la escasez y la inseguridad, surge una obligada pregunta: ¿Qué nos trajo hasta aquí?

El chavismo no constituye un fenómeno aislado, pues es apenas la concreción de un proceso  de degradación ética de la política, hasta convertirla en lo que es hoy: el refugio de quienes tienen especial atracción por la buena vida y fobia por el trabajo productivo que la hace honorablemente posible.

Quizás nuestro error fundamental fue haber permitido –como pueblo– que los partidos políticos se hicieran propietarios de la soberanía popular, al convertirse en los grandes electores, dejando a la ciudadanía el anodino papel de votante, de convalidadora de decisiones previamente tomadas en los cogollos partidistas.

Pues es verdad irrefragable que los partidos políticos nacionales se han convertido en clubes férreamente dominados por autoridades que, si bien pudieran haberse constituido legítimamente, se ilegitimaron con el ejercicio abusivo de sus funciones, constituyéndose en barreras infranqueables para el ejercicio de la democracia interna.

De esta manera, la soberanía popular terminó siendo ejercida por los jefes de los partidos quienes, a su vez, rodeados de buenos para nada, sofocan presurosos cualquier atisbo de adecentamiento político. Así, jefes y clientes se constituyen en mafias, con padrinos y ahijados al mejor estilo siciliano.

Es imposible no concluir que nuestros problemas económicos y sociales tienen su origen en la política. Durante muchas décadas, el ejercicio del gobierno ha tenido como objeto la obtención de beneficios para grupos y personas, en desmedro de los intereses populares. La Administración Pública ha sido coto de caza para quienes tienen la «M» de la mediocridad tatuada en la frente; por ello las grandes decisiones, esas que a todos afectan, han salido de las mentes más grises del País.

No basta salir de Maduro; es imprescindible democratizarnos, en el mejor sentido de la palabra.

09/06/2018

 

 

El próximo domingo, 20 de mayo, es la fecha escogida por el régimen para realizar un acto electoral dirigido a relegitimarlo ante la comunidad internacional, la cual le es cada día más adversa.

El adelanto de siete meses, del diciembre acostumbrado al caluroso mayo, no es ni puede ser visto como un simple capricho del mandón, ni producto del nerviosismo producido por las crecientes sanciones estadounidenses.

A nuestro entender, es una estrategia fríamente calculada dirigida a generar desconcierto a un mundo al que se le hace difícil entender cómo un País, otrora rico, haya pasado a ser el más miserable de América Latina, sin que mediara una catástrofe natural o una guerra fratricida.

El circo electoralista montado por Maduro tiene un público a quien los payasos deben hacer reír con sus decires y maromas. Por una parte, esa audiencia está formada por países lejanos a quienes poco le importa la suerte de un País tercermundista situado en alguna parte de América del Sur, pero que tienen voz y voto en los foros internacionales; por otra, los pueblos mal informados y peor formados que piensan que las elecciones son sinónimos de libertad y que no distinguen el formalismo electoral del ejercicio de la soberanía popular y, por último, las futuras víctimas del comunismo, las cuales deben ser adormecidas antes de colocarles la inyección letal.

Somos fanáticos del voto y «votar para elegir» es la razón de nuestra existencia. Pero este domingo nos quedamos en casa, no como un gesto de indiferencia ante la suerte de la Patria, sino como una manera inteligente y eficaz de expresar un rechazo que llevamos en el corazón y que tiene pocas oportunidades de ser expresado.

Este fin de semana iremos a misa el sábado y a la vuelta compraremos el pan del día siguiente; de esa manera, cumpliremos con Dios y con la Patria.

15/05/2018

 

 

El voto es la herramienta fundamental de la democracia y el medio que utilizan los demócratas para dirimir sus diferencias.

Tal como lo afirmamos en este mismo Portal, el crecimiento demográfico acabó con la democracia directa; actualmente es imposible reunir a todos los habitantes de un país para que expresen, de viva voz, el nombre de los elegidos o la decisión que deba recaer sobre un determinado asunto. Por tanto, las sociedades modernas han construido sistemas electorales, a través de los cuales se facilita que la ciudadanía exprese su opinión sobre asuntos relevantes o elija a quienes deban cubrir los cargos públicos.

Pero ese sistema no sería de ninguna utilidad si no está conformado por personas dignas, de férreos principios democráticos y conscientes de la gran responsabilidad que se afinca sobre sus hombros. Además, de muy poco serviría si no contara con un registro de electores confiable y público, permanentemente auditado y depurado, fiel expresión del censo poblacional.

El sistema electoral es el constructor del poder político; toma la soberanía popular y la convierte en las instituciones y órganos del Estado encargados de velar por el bien común, de proteger los intereses colectivos sobre los particulares e impulsar el engrandecimiento de la nación.

Pero cuando en un país se vota, pero no se elige y cuando los llamados a administrar los asuntos electorales manejan los registros a su antojo y conveniencia, convierten los escrutinios en materia de negociación y de arreglos subalternos y sustituyen el

poder constituyente del pueblo en mercancía oferente al mejor postor, votaciones y elecciones se equiparan a carnavales, tanto en dispendio como en ausencia de sustancia democrática.

Somos fervientes partidarios del voto, del voto que alcance el supremo objetivo de elegir, de ser fiel expresión del sentir popular y alfarero del destino nacional. En el voto negociado no creemos, pues conculca la libertad que recibimos como heredad de los padres de la Patria.

07/02/2018

 

 

 

Si alguna prueba faltaba para eliminar cualquier duda de que el pueblo venezolano es el invitado de piedra a la hora de las grandes decisiones políticas, he aquí la documentada denuncia del ex presidente Andrés Pastrana,acerca de la nacionalidad colombiana de Nicolás Maduro  y el estruendoso silencio mostrado por la Asamblea Nacional que elegimos irreflexivamente el 6 de diciembre de 2015.

El 6D votamos por quienes nos acababan de negar el derecho a elegir nuestros candidatos mediante elecciones primarias; bajo la falsa ilusión de que íbamos a derrotar al chavismo, le entregamos nuestros votos a candidatos ajenos, a las fichas de partido señaladas por los ominosos dedos de Ramos Allup, Julio Borges, Manuel Rosales y Leopoldo López.

Hoy, la Asamblea que debería ser la defensora de los intereses de la gente, opera en función de mezquinas conveniencias y egoístas proyectos personales, tal como ha sido –en mayor o menor grado– desde hace ya bastante tiempo.

Sufrimos un pérfido sistema electoral manejado y usufructuado por los «avispados» de siempre, por quienes, siendo incapaces de ganar en buena lid el favor popular, saben que su sobrevivencia política está firmemente atada a la suerte de «el dedo», al destino de esa fantasmagórica figura experta en lanzar piedras y esconder la mano.

El silencio de la Asamblea Nacional ante la prueba de que Maduro no llena los requisitos constitucionales para ejercer la Primera Magistratura, es la consecuencia directa de la negación de elecciones primarias que precedió al 6D; esa negación, habilidosamente disfrazada por la MUD, transfirió la soberanía popular a las cúpulas de cuatro partidos políticos cuya cohabitación con el régimen no admite dudas y que –en la actualidad– se muestran ansiosos de que el chavismo los provea de una excusa medianamente inteligente para lanzarse a la competencia electoral, a pesar de su incuestionable impopularidad e inconstitucionalidad.

Reiteramos: no se vota en dictadura y, cuando recuperemos la libertad, votar para elegir debe ser la consigna.

22/03/2018

 

 

Una vez que Venezuela alcance su libertad, una de las primeras labores políticas que debemos abordar los demócratas es lograr que se realicen primarias para cubrir todos los cargos de elección popular. Esto lo hemos propuesto una y otra vez, pues tenemos la convicción de que desde 1958 hasta la fecha, la gente, que es la real propietaria del país, ha sido la invitada de piedra a la hora de las grandes decisiones.

Esto es posible gracias a un sistema electoral perverso que reserva para el ciudadano la función de votar, a la vez que le escamotea la de elegir, reservándose ésta última para los jefes de los partidos políticos que, como es de esperar, apuestan a sus ambiciones personales e intereses grupales, dejando para la masa electoral un diluvio de mentiras y de promesas imposibles de cumplir.

Es innecesario ser historiador para recordar el evento electoral del 6 de diciembre de 2015. Ese día, un pueblo entusiasta e ilusionado corrió a las urnas para castigar al chavismo, entregándole a la Mesa de la Unidad Democrática una abrumadora confianza que, como es sabido, fue puesta a la orden de los intereses de Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular y un Nuevo Tiempo. La gente votó y se fue a sus casas a celebrar un triunfo que, en su momento, no percibió ajeno.

Ajeno, repetimos, pues el 6D ganaron los partidos y sus activistas. No tuvimos que esperar mucho para darnos cuenta de que éramos víctimas de una estafa y de que, una vez más, nos habían llevado al matadero de las esperanzas sin soporte y de las mentiras comprobables.

Hoy, un país asqueado espera que la Asamblea Nacional, acordada con el régimen, refinancie una deuda pública que nunca ha debido ser contraída. Mañana la MUD, mentirosa de oficio, pretenderá explicar las razones de su nueva traición.

03/11/2017

Documento fundamental: Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos que se han realizado para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

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Editorial

 

Cuando vemos a nuestra Patria convertida en un País miserable, cuyos hijos huyen despavoridos perseguidos de cerca por los fantasmas del hambre, la escasez y la inseguridad, surge una obligada pregunta: ¿Qué nos trajo hasta aquí?

El chavismo no constituye un fenómeno aislado, pues es apenas la concreción de un proceso  de degradación ética de la política, hasta convertirla en lo que es hoy: el refugio de quienes tienen especial atracción por la buena vida y fobia por el trabajo productivo que la hace honorablemente posible.

Quizás nuestro error fundamental fue haber permitido –como pueblo– que los partidos políticos se hicieran propietarios de la soberanía popular, al convertirse en los grandes electores, dejando a la ciudadanía el anodino papel de votante, de convalidadora de decisiones previamente tomadas en los cogollos partidistas.

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Hay 3 invitados y ningún miembro en línea

Nosotros

 

Nosotros, políticamente independientes de toda militancia partidista, pero no indiferentes; con el ánimo de aportar ideas para  el perfeccionamiento de la democracia en Venezuela, hemos decidido constituir un círculo de estudios políticos y crear y nutrir el portal web www.eligetu.org, para que sea su órgano de expresión y comunicación.

Nos une la convicción de que la democracia tiene su fundamento principal en la soberanía popular; también creemos que si esa soberanía es ajena a la producción de hechos concretos que beneficien al pueblo, o si es distorsionada al punto de que su ejercicio se traslade hacia élites políticas o económicas, la democracia es inexistente.

Consideramos que el voto debe ser un medio de expresión del sentir popular, pero también somos del criterio de que las fallas del sistema electoral pueden ser tan graves que pueden terminar trasladando la soberanía a manos ávidas de poder y de bienes mal habidos.

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Discurso de Gettysburg

 

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

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"Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credibilidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia".


Simón Bolívar

[Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.]

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“Yo soy y seré perpetuamente, acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida; tanto porque es justa y necesaria para la salvación de sus desgraciados habitantes, como porque interesa además en el día a todo el genero humano".

Francisco de Miranda

"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".

Paul Auster

“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”.

John Fitzgerald Kennedy


A mis años, les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad y justicia social; hay que inventar la educación y crear un País de emprendedores, artistas e inventores. Un  País  digno  y  soberano  en  el  contexto  global, en  fin, en  Venezuela  hay  que  inventarlo  todo   ¡QUE MARAVILLA!

Carlos Cruz-Diez (94 años)
Agosto de 2017

Oración Fúnebre de Pericles


I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos. Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo  de  lo  que  él  desea  y de  lo  que  él conoce; ...

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