Editoriales

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

 

La situación de Venezuela es difícil de entender para muchos venezolanos y, con más razón, para quienes viven en otras partes del mundo.

Un País dotado de inmensas riquezas naturales, que por concepto de petróleo y otros minerales ha recibido una cantidad incalculable de divisas, con un territorio cercano al millón de kilómetros cuadrados, apto para la agricultura y la cría y ríos proveedores de agua y con inmenso potencial hidroeléctrico; con una población mestiza ajena a problemas racistas, alegre, desenfadada y solidaria, que arroba al extranjero, al punto de no desear  regresar a sus puntos de origen.

Un País que goza de tales bendiciones debería estar entre los primeros del primer mundo, pero no hemos superado un tercermundismo a todas luces impropio, por cuanto jamás hemos tenido democracia, ni gozado de su principio fundamental: la soberanía popular.

En una suerte de auto compasión, hemos llamado democracia a los que no han pasado de ser regímenes «partidocráticos»,  donde un político, convertido en Presidente de la República, maneja al Estado con la soberbia propia de rey medioeval, rodeado de un ejército de aduladores, barraganas incluidas, que le hacen ver luces al final de un túnel, donde no hay más que obscuridad.

Todo esto tiene su fuente en un sistema electoral perverso, donde el ciudadano es un convalidador de decisiones ajenas, que vota pero no elige, que se acoge al «menos malo», ante la imposibilidad de elegir al «bueno».

Esta triste y perniciosa realidad debe cambiar. Las elecciones primarias universales para todos los cargos de representación popular deben ser imperativo constitucional; el voto popular debe designar a los magistrados del TSJ, al Fiscal General, al Defensor del Pueblo y a otros de similar relevancia.

Lo que ocurre con la actual Asamblea Nacional, manejada a capricho por Ramos Allup, Borges, Rosales, Leopoldo y Falcón, no debe repetirse jamás. De ello depende nuestro futuro. Votar para elegir debe ser la consigna.

27/01/2019

 

 

El artículo 197 de la vigente Constitución de 1999, establece que los diputados a la Asamblea Nacional deben mantener una vinculación permanente con sus electores, atendiendo sus opiniones y sugerencias y manteniéndolos informados acerca de su gestión.

A riesgo de inducir sospechas acerca de nuestra salud mental, podemos afirmar que esta disposición constitucional se acata y no se acata, dependiendo de la semántica utilizada. Si como elector se entiende al ciudadano votante, el desacato es absoluto, producto –entre otras causas– de tener como sinónimos (quizás intencionalmente) los términos elector y votante, a pesar de las grandes diferencias que los distancian.

Según nuestro diccionario (Real Academia de la Lengua Española), elector significa «Que elige o tiene potestad o derecho de elegir» y, en su segunda acepción «Cada uno de los príncipes de Alemania a quienes correspondía la elección y nombramiento de emperador».

Visto así, los venezolanos somos electores en la medida en que tenemos la potestad o derecho de elegir, pero quedamos reducidos al papel de simples votantes, porque en la realidad existe un grupo de príncipes (al más puro estilo alemán) constituido por los jefes de los distintos partidos políticos nacionales; son ellos quienes determinan desde la presidencia de la Asamblea Nacional hasta la última de las alcaldías y de la voluntad de ese grupúsculo depende buena parte de nuestro presente y de nuestro próximo futuro.

Este pérfido sistema electoral, imperante desde hace 60 años –por lo menos– es la fuente de muchas de nuestras desgracias; es el culpable de que hoy los venezolanos nos preguntemos, con más angustia que esperanza, qué hará la Asamblea el 10 de enero, aun cuando no haya duda acerca de lo que desean los ciudadanos de este País.

Como se está demostrando, la ausencia de elecciones primarias para todos los cargos de elección popular, ha impedido el arraigamiento de una democracia que respete su postulado fundamental: la soberanía popular.

23/12/2018

 

 

La respuesta de las fracciones que hacen mayoría en la Asamblea Nacional ante la solicitud de la Fracción 16 de Julio de que declarara «persona no grata» a José Luis Rodríguez Zapatero, confirma nuestra vieja sospecha de que los resultados del 6D, tan celebrados por los votantes que se creyeron victoriosos, no fue más que una pirueta política para hacerle creer a propios y extraños que en este País quedaba un resquicio de decencia electoral, de pulcritud a la hora de contar los votos y asignar los ganadores.

Como nosotros –desde ya tiempo– dejamos de creer en ataques de decencia «aquejando» a pillos tramposos, desde el momento mismo en que conocimos los resultados empezamos a buscarles una explicación lógica, pues la oficial, sostenida por rojos y azules, como dijo Cantinflas en la película Su Excelencia, nos parecía en extremo sospechosa y muy poco creíble.

Pues si bien las cifras eran factibles, el reconocimiento de ellas por parte de un CNE presidido por Tibisay Lucena, rayaba en lo novelesco. Esto no es una apreciación personal ni inédita, pues una mayoría abrumadora de la población considera que estamos siendo víctimas de tropelías electorales desde los años iníciales de este siglo.

La negativa, por vía de diferimiento, de declarar a Zapatero como un ser repugnante a la conciencia e intereses nacionales, viene a confirmar nuestras sospechas de que una falsa oposición nos ha llevado a degollinas electorales una y otra vez, sabiendo de antemano que los resultados se acomodarían a los intereses del régimen. Ahora, cuando se evidencia, sin lugar a dudas, que la victoria del 6D no fue tal y que tan solo sirvió para que los jefes de los partidos repartieran entre los suyos diputaciones y canonjías, sentimos que el sistema de partidos hasta la fecha imperante debe cesar, para dar paso a elecciones primarias y al real ejercicio de la soberanía popular.

25/10/2018

 

 

La presencia de aviones de combate rusos y el anuncio de que pronto llegarán fragatas de guerra iraníes, con el manifiesto fin de brindar soporte armado al régimen presidido por Nicolás Maduro, ha debido generar un cataclismo en nuestro mundo político y, muy especialmente, en la Asamblea Nacional, la cual fuera electa el 6 de diciembre de 2015, con un atronador triunfo de los partidos que decían oponerse al poder central.

Hasta este instante, 2 horas y 30 minutos después del mediodía del 11 de diciembre de 2018, no tenemos conocimiento de que el principal Cuerpo Legislativo del País, se haya pronunciado ante la gruesa violación de su derecho y obligación constitucionales de autorizar el empleo de misiones militares extranjeras en el país, según lo establece el numeral 11 del artículo 187 de la Carta Magna.

La presencia de fuerzas militares iraníes y rusas es doblemente perversa; por una parte, hace patente que la Asamblea Nacional es una invitada de piedra, una muerta en vida, aun en aquellos asuntos sobre los cuales tiene expresa competencia constitucional; por la otra, no deja lugar a dudas de que el pueblo venezolano está secuestrado por una serie de factores internacionales de poder, que ameritan un pronunciamiento claro y efectivo de las fuerzas democráticas del orbe.

Hoy, una vez más, la Asamblea Nacional, cuyos integrantes fueron determinados por los dedos de media docena de caciques políticos, incumple sus deberes fundamentales y demuestra que es una herramienta de la falsa oposición, de quienes han hecho de la política una manera de vivir cómodamente con poco esfuerzo y a quienes poco importa el destino de los venezolanos.

Debemos prometernos que el 6D fue la última vez que aceptamos ser votantes, pero no electores, de forma tal que nunca más la representación popular sea asumida por quienes no la merecen. Votar para elegir debe ser la consigna.

11/12/2018 

 

 

Cuando vemos a nuestra Patria convertida en un País miserable, cuyos hijos huyen despavoridos perseguidos de cerca por los fantasmas del hambre, la escasez y la inseguridad, surge una obligada pregunta: ¿Qué nos trajo hasta aquí?

El chavismo no constituye un fenómeno aislado, pues es apenas la concreción de un proceso  de degradación ética de la política, hasta convertirla en lo que es hoy: el refugio de quienes tienen especial atracción por la buena vida y fobia por el trabajo productivo que la hace honorablemente posible.

Quizás nuestro error fundamental fue haber permitido –como pueblo– que los partidos políticos se hicieran propietarios de la soberanía popular, al convertirse en los grandes electores, dejando a la ciudadanía el anodino papel de votante, de convalidadora de decisiones previamente tomadas en los cogollos partidistas.

Pues es verdad irrefragable que los partidos políticos nacionales se han convertido en clubes férreamente dominados por autoridades que, si bien pudieran haberse constituido legítimamente, se ilegitimaron con el ejercicio abusivo de sus funciones, constituyéndose en barreras infranqueables para el ejercicio de la democracia interna.

De esta manera, la soberanía popular terminó siendo ejercida por los jefes de los partidos quienes, a su vez, rodeados de buenos para nada, sofocan presurosos cualquier atisbo de adecentamiento político. Así, jefes y clientes se constituyen en mafias, con padrinos y ahijados al mejor estilo siciliano.

Es imposible no concluir que nuestros problemas económicos y sociales tienen su origen en la política. Durante muchas décadas, el ejercicio del gobierno ha tenido como objeto la obtención de beneficios para grupos y personas, en desmedro de los intereses populares. La Administración Pública ha sido coto de caza para quienes tienen la «M» de la mediocridad tatuada en la frente; por ello las grandes decisiones, esas que a todos afectan, han salido de las mentes más grises del País.

No basta salir de Maduro; es imprescindible democratizarnos, en el mejor sentido de la palabra.

09/06/2018

Documento fundamental: Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos que se han realizado para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

Seguir leyendo

 

Editorial

 

La situación de Venezuela es difícil de entender para muchos venezolanos y, con más razón, para quienes viven en otras partes del mundo.

Un País dotado de inmensas riquezas naturales, que por concepto de petróleo y otros minerales ha recibido una cantidad incalculable de divisas, con un territorio cercano al millón de kilómetros cuadrados, apto para la agricultura y la cría y ríos proveedores de agua y con inmenso potencial hidroeléctrico; con una población mestiza ajena a problemas racistas, alegre, desenfadada y solidaria, que arroba al extranjero, al punto de no desear  regresar a sus puntos de origen.

Un País que goza de tales bendiciones debería estar entre los primeros del primer mundo, pero no hemos superado un tercermundismo a todas luces impropio, por cuanto jamás hemos tenido democracia, ni gozado de su principio fundamental: la soberanía popular.

Seguir leyendo

Hay 29 invitados y ningún miembro en línea

Nosotros

 

Nosotros, políticamente independientes de toda militancia partidista, pero no indiferentes; con el ánimo de aportar ideas para  el perfeccionamiento de la democracia en Venezuela, hemos decidido constituir un círculo de estudios políticos y crear y nutrir el portal web www.eligetu.org, para que sea su órgano de expresión y comunicación.

Nos une la convicción de que la democracia tiene su fundamento principal en la soberanía popular; también creemos que si esa soberanía es ajena a la producción de hechos concretos que beneficien al pueblo, o si es distorsionada al punto de que su ejercicio se traslade hacia élites políticas o económicas, la democracia es inexistente.

Consideramos que el voto debe ser un medio de expresión del sentir popular, pero también somos del criterio de que las fallas del sistema electoral pueden ser tan graves que pueden terminar trasladando la soberanía a manos ávidas de poder y de bienes mal habidos.

 Seguir leyendo

Discurso de Gettysburg

 

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

Seguir leyendo


"Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credibilidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia".


Simón Bolívar

[Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.]

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx     


“Yo soy y seré perpetuamente, acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida; tanto porque es justa y necesaria para la salvación de sus desgraciados habitantes, como porque interesa además en el día a todo el genero humano".

Francisco de Miranda

"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".

Paul Auster

“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”.

John Fitzgerald Kennedy


A mis años, les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad y justicia social; hay que inventar la educación y crear un País de emprendedores, artistas e inventores. Un  País  digno  y  soberano  en  el  contexto  global, en  fin, en  Venezuela  hay  que  inventarlo  todo   ¡QUE MARAVILLA!

Carlos Cruz-Diez (94 años)
Agosto de 2017

Oración Fúnebre de Pericles


I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos. Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo  de  lo  que  él  desea  y de  lo  que  él conoce; ...

Seguir leyendo

Encuesta

¿Está usted de acuerdo con una intervención militar humanitaria en Venezuela?
  • Votos: (0%)
  • Votos: (0%)
Votos Totales:
Primer Voto:
Ultimo Voto: