Artículos de opinión

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¡ NO SE VOTA EN TIRANÍA !

 

¿Es legítima la Asamblea Nacional? // Carlos Asuaje Sequera

Hay ciertos asuntos que todo venezolano debería conocer para poder tener una adecuada relación con los gobernantes del País.

El Estado –tanto el venezolano como cualquier otro- es un ser incorpóreo, una creación constitucional incapaz de tomar decisiones o cumplir objetivos, hasta tanto cada uno de sus órganos haya sido cubierto por los titulares que señalen la Constitución y la Ley; concretando, sin sus órganos debidamente cubiertos por sus respectivos titulares, el Estado sería una entelequia, una cosa irreal, incapaz de producir resultado alguno o de justificar su existencia.

Para lograr sus fines, el Estado reparte atribuciones entre sus diferentes órganos, los cuales podemos asimilar a pequeños compartimientos estancos, encargados de cumplir ciertas funciones expresamente señaladas en la normativa legal. En este punto debemos detenernos para enfatizar que las atribuciones deben estar señaladas por ley y que los titulares de los diferentes órganos solo pueden hacer aquello que les esté expresamente permitido.

Es lógico que así sea, pues con la desaparición de los reyes medievales, cuyo poder no derivaba de la ley si no de Dios, el poder «intuitu personae» desaparece para dar paso a otro que se ejerce a nombre y en representación del pueblo, en quien reside la soberanía.

Por un largo proceso histórico que se inició en Inglaterra en 1215, durante el reinado de Juan I, la soberanía, residente en el monarca por disposición divina, se traslada al pueblo quien, obviamente, tuvo que apelar a la figura de la representación o delegación y a afinar la teoría de la soberanía popular, la cual fue fuertemente catapultada por la Revolución Francesa.

Esa necesaria delegación produce la necesidad de crear un sistema electoral capaz de dar titularidad a los órganos, quienes antes de esta dotación no pasarían de ser un conjunto de atribuciones y competencias huérfanas de una fuerza ejecutora.

Sin un sistema electoral que haga posible que el electorado se exprese libremente, ninguno de los órganos del Estado puede adquirir legitimidad de origen. Tal legitimidad requiere de dos elementos ineludibles: una normativa electoral que facilite ampliamente que el electorado escoja a sus representantes y un organismo que administre las elecciones con absoluta pulcritud, donde los resultados no difieran –ni en un ápice– del querer de la gente.

Pero no es suficiente llegar legal y limpiamente a la titularidad de un cargo de elección popular. Una vez allí, el funcionario no debe hacer otra cosa que lo que le permita su competencia legalmente señalada; como persona privada puede hacer todo cuanto no le esté prohibido, pero en ejercicio del cargo para el cual fue electo, solo puede actuar dentro de los límites de su competencia o, en otras palabras, previa autorización expresa de la Ley.

Lo que antecede implica un segundo tipo de legitimidad, tan importante como el primero: la legitimidad de ejercicio, íntimamente relacionada con la «competencia», que a decir del ilustre profesor Eloy Lares Martínez, «es la aptitud legal de los órganos del Estado», la cual no se presume y que, por tanto, debe ser expresamente definida en una regla atributiva, en ausencia de la cual los actos de los órganos del Estado carecen de validez.

Todo lo anteriormente comentado pone sobre el tapete un asunto acaloradamente debatido: ¿es legítima la Asamblea Nacional surgida de las votaciones del 6 de diciembre de 2015? Desde el punto de vista de su origen, tal Asamblea pudiera ser legítima, a pesar de las dudas que pesan sobre la honorabilidad e imparcialidad del Consejo Nacional Electoral, quien a la sazón fue quien proclamó a los diputados electos, así como las extrañas circunstancias que rodearon la constitución del grupo de electores denominado «Mesa de la Unidad Democrática».

En lo que respecta a la legitimidad de ejercicio, la ilegitimidad es evidente, pues los diputados no actúan en su carácter de representantes, en franca violación de los artículos 197 y 201 de la Constitución, pues anteponen sus intereses personales y grupales al negar –desoyendo el clamor nacional- la autorización a que se refiere el numeral 11 del artículo 187 constitucional.

La Constitución, la doctrina y la semántica son claras. Representante es la persona que representa a un ausente; por tanto, un diputado no debe tener otra voz ni otro desempeño que el determinado por quienes representa, pues de no hacerlo así, incurre en incompetencia personal o colectiva que, a decir del profesor Jean Rivero, es la forma de ilegalidad más grave en que puede incurrir un agente público.

La Asamblea Nacional no es un poder autónomo, desligado del principio de la soberanía popular; por el contrario, su principal deber es ser la voz –por delegación– de aquellos a quienes dice representar y que han expresado de manera inequívoca y por múltiples medios el camino que desean transitar.

La Venezuela que por culpa de sus torceduras institucionales hoy llora en carreteras extranjeras la inmensidad de su tragedia, que soporta con rabia contenida la xenofobia de quienes hace poco fueron nuestros huéspedes y que se percata de la traición de políticos indecentes que hasta ayer creyó sus salvadores, debe encontrar fortaleza en el recuerdo de la historia patria; no olvidar que no es esta la primera diáspora de nuestra historia, que en el siglo XVIII ocurrió la primera, cuando pisamos los caminos de media América para sembrarla de libertad.

Escrito por: Carlos Asuaje Sequera
@CarlosAsuajeS
http://www.eligetu.org/

 Fuente: Su autor

Documento fundamental: Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos que se han realizado para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

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Editorial

 

La situación de Venezuela luce complicada, pero no tanto como lo quieren hacer ver algunos, con intenciones no santas.

Entre los muchos disparates que se dejan colar por diversos medios de comunicación, es que Estados Unidos, Brasil y Colombia, no están dispuestos a verter la sangre de sus soldados para venir a salvar a Venezuela. Planteado en esos términos, esa negativa suena lógica, pero la verdad sea dicha, ellos ven en la actual realidad venezolana una amenaza a su seguridad nacional.

Los estadounidenses perciben, por obvio, que un País como Venezuela, cargado de riquezas naturales y ubicado en la puerta de Suramérica, caribeño y andino, es una daga apuntando al corazón de América y un peligro cierto para su seguridad, ya bastante comprometida por el narcotráfico, el carácter expansionista del comunismo cubano y la intención islamita de destruirlos.


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Nosotros

 

Nosotros, políticamente independientes de toda militancia partidista, pero no indiferentes; con el ánimo de aportar ideas para  el perfeccionamiento de la democracia en Venezuela, hemos decidido constituir un círculo de estudios políticos y crear y nutrir el portal web www.eligetu.org, para que sea su órgano de expresión y comunicación.

Nos une la convicción de que la democracia tiene su fundamento principal en la soberanía popular; también creemos que si esa soberanía es ajena a la producción de hechos concretos que beneficien al pueblo, o si es distorsionada al punto de que su ejercicio se traslade hacia élites políticas o económicas, la democracia es inexistente.

Consideramos que el voto debe ser un medio de expresión del sentir popular, pero también somos del criterio de que las fallas del sistema electoral pueden ser tan graves que pueden terminar trasladando la soberanía a manos ávidas de poder y de bienes mal habidos.

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Discurso de Gettysburg

 

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

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"Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credibilidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia".


Simón Bolívar

[Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.]

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“Yo soy y seré perpetuamente, acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida; tanto porque es justa y necesaria para la salvación de sus desgraciados habitantes, como porque interesa además en el día a todo el genero humano".

Francisco de Miranda

"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".

Paul Auster

“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”.

John Fitzgerald Kennedy


A mis años, les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad y justicia social; hay que inventar la educación y crear un País de emprendedores, artistas e inventores. Un  País  digno  y  soberano  en  el  contexto  global, en  fin, en  Venezuela  hay  que  inventarlo  todo   ¡QUE MARAVILLA!

Carlos Cruz-Diez (94 años)
Agosto de 2017

Oración Fúnebre de Pericles


I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos. Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo  de  lo  que  él  desea  y de  lo  que  él conoce; ...

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